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El INTA avanza con la exoneración de por vida de la investigadora que reveló glifosato en el 86% de los argentinos

El Consejo Directivo del organismo busca aplicar la sanción más grave de la administración pública a Virginia Aparicio, quien lideró el estudio que detectó agrotóxicos en el cuerpo de la mayoría de los argentinos analizados. El caso generó fuerte rechazo de gremios y organizaciones ambientales.

Una sanción extrema contra una investigadora de trayectoria

El Consejo Directivo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) avanza con un proceso que podría terminar en la exoneración de por vida de Virginia Aparicio, una de las investigadoras más reconocidas del organismo en el estudio de agrotóxicos. La exoneración es la sanción administrativa más grave que contempla el empleo público argentino: implica la desvinculación definitiva e impide su reincorporación a cualquier organismo del Estado.

Aparicio, agrónoma con más de 20 años de trayectoria en el INTA y el CONICET, con base en la Estación Experimental de Balcarce, coordinó en Argentina el proyecto Sprint, una investigación financiada por la Unión Europea a través del programa Horizon 2020, en la que participaron varios países europeos junto con nuestro país.

Qué reveló el estudio que lidera Aparicio

El proyecto Sprint, iniciado en 2020, midió residuos de plaguicidas en múltiples matrices: suelo, alimentos, animales y muestras biológicas humanas, con la participación de 73 voluntarios argentinos de distintas ciudades y zonas agrícolas, sobre un total de 209 compuestos analizados.

Los resultados fueron contundentes: el 86,1% de los voluntarios argentinos presentó glifosato en su organismo, y el 100% de las muestras fecales analizadas en residentes de Buenos Aires contenía el herbicida. Según el estudio, la Argentina se ubicó entre los países con mayor presencia de plaguicidas en personas y en el ambiente a nivel global.

Consultada sobre los hallazgos, Aparicio fue clara en su diagnóstico, aunque cuidadosa en sus conclusiones: «Convivimos con los plaguicidas», señaló, aclarando que detectar un compuesto en el organismo es distinto a probar un daño concreto en la salud, y que la medición permite justamente evaluar el nivel de exposición de la población.

Qué se le imputa a la investigadora

Según su abogado, Mario Bolla, el sumario que impulsa el Consejo Directivo del INTA incluye ocho cargos, entre ellos un presunto perjuicio patrimonial a la administración pública, un punto que la defensa rechaza de plano al señalar que todo el financiamiento del proyecto provino de la Unión Europea. También se la acusa de no haber entregado a sus superiores los datos personales de los voluntarios del estudio, algo que Aparicio justificó en los acuerdos de confidencialidad firmados con los participantes de la investigación.

Cuándo y dónde ocurrió

El conflicto se remonta a mediados de 2023, cuando las autoridades del INTA prohibieron a Aparicio difundir los resultados del estudio y cancelaron una reunión prevista para su presentación. En diciembre de ese año, bajo la presidencia de Mariano Garmendia, el organismo decidió directamente retirar a la Argentina del proyecto Sprint. El proceso disciplinario contra la investigadora se inició en 2025, ya bajo la gestión del actual Gobierno, y en 2026 el Consejo Directivo ratificó el pedido de exoneración.

Antecedentes: de la censura al sumario

Según distintas reconstrucciones periodísticas, dentro del INTA existían resistencias previas a la difusión de los resultados del proyecto Sprint, vinculadas a la preocupación de que el enfoque europeo pudiera «demonizar» a la agricultura convencional, uno de los pilares productivos del sector agroindustrial argentino. Esa tensión entre la producción científica y los intereses del sector se transformó, con el correr de los meses, en un proceso administrativo cada vez más severo contra Aparicio.

La propia investigadora describió el clima laboral que atraviesa dentro del organismo, y trascendió que percibe un fuerte aislamiento dentro de los pasillos del INTA, además de sostener que considera la sanción como una decisión ya tomada de antemano.

Contexto político e institucional

El caso se enmarca en una discusión más amplia sobre el rol de la ciencia pública en la Argentina y su relación con los grandes intereses productivos vinculados al agro. La actual conducción del INTA, encabezada por Nicolás Bronzovich desde septiembre de 2025, no dio hasta el momento una respuesta pública sobre el proceso contra Aparicio.

El conflicto también tiene repercusión política: la ministra de Ambiente de la provincia de Buenos Aires, Daniela Vilar, calificó la medida como un caso de censura dirigido contra científicos, mientras que distintos gremios agropecuarios cuestionaron la sanción por considerarla desproporcionada y con un claro objetivo de intimidación hacia la investigación pública.

Declaraciones relevantes

El gremio APINTA, que representa a los trabajadores del organismo, salió en defensa de Aparicio con una frase contundente: «No hay INTA fuerte si se silencia a quienes producen conocimiento». La organización gremial impulsó además una campaña de recolección de firmas en su apoyo.

Aparicio, por su parte, fue categórica sobre el fondo del problema que motivó su investigación: «Hay que reducir con urgencia la dependencia química de los sistemas productivos», sostuvo ante la prensa.

Impacto institucional

El caso pone en el centro de la escena la tensión entre la producción científica independiente dentro de organismos públicos y las presiones sectoriales vinculadas a la agroindustria. Un fallo adverso para Aparicio podría sentar un precedente preocupante para otros investigadores del sistema científico estatal que trabajen sobre temáticas sensibles para los intereses productivos.

Consecuencias y posibles escenarios

De confirmarse la exoneración, Aparicio ya anticipó, a través de su defensa, que impulsará una impugnación judicial en el fuero contencioso administrativo federal. El proceso podría extenderse por varios meses y convertirse en un caso testigo sobre los límites entre la autoridad administrativa de un organismo público y la libertad de investigación científica.

El escenario que queda abierto

El caso de Virginia Aparicio deja planteada una pregunta que excede lo estrictamente laboral: hasta dónde puede llegar un organismo estatal a la hora de sancionar a quienes producen conocimiento científico incómodo para determinados sectores productivos. Mientras la Justicia podría tener la última palabra si se confirma la exoneración, el debate sobre la libertad de la investigación pública en la Argentina ya quedó instalado.

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