
El Presidente se mostró errático en el Council of the Americas y protagonizó un nuevo exabrupto público contra el periodista Edgardo Bonelli, lo que llevó a Nelson Castro a calificar la situación como «psiquiátrica». No es la primera vez que Milei da un discurso a los gritos y con insultos.
Un patrón que se repite y preocupa
El presidente Javier Milei volvió a protagonizar un episodio de fuerte exposición pública por su estado de ánimo y su tono discursivo. Según reconstruyó La Política Online, el mandatario volvió «sacado» luego de permanecer diez días encerrado en la Quinta de Olivos, un período de aislamiento que había obligado al vocero presidencial, Adrián Ravier, a salir públicamente a aclarar que el Presidente se encontraba bien de salud.
Un Council of the Americas con empresarios preocupados
Apenas terminado ese encierro, Milei participó del Council of the Americas en el Alvear Palace Hotel, donde según fuentes consultadas por LPO se mostró «errático, disperso y más agresivo que en su récord personal». Los propios empresarios presentes lo notaron fuera de forma: algunos prefirieron seguir su discurso desde el bar del hotel para evitar cruzárselo personalmente.
El nuevo insulto público
El pico más reciente de esta seguidilla llegó cuando el Presidente utilizó sus redes sociales para atacar al periodista Edgardo Bonelli, a quien calificó de «mierda humana» en un extenso posteo cargado de acusaciones, en medio de una polémica vinculada a versiones sobre la continuidad del ministro de Economía, Luis Caputo. El tono del mensaje generó de inmediato repercusión, no solo por el contenido sino por la forma elegida para expresarlo.
La advertencia de Nelson Castro
Ante este nuevo episodio, el periodista y médico Nelson Castro no eludió una lectura clínica de la situación y sostuvo públicamente que el estado del mandatario es «psiquiátrico», una definición que profundizó la preocupación instalada en las últimas semanas sobre el comportamiento público del Presidente.
Los hábitos que llamaron la atención del entorno
Según pudo reconstruirse, quienes frecuentan a Milei lo vienen observando con un consumo elevado de gaseosas y bebidas energizantes —hasta cuatro latas de cada una al mismo tiempo, según esas fuentes—, un dato que especialistas consultados por LPO señalaron que, de ser sostenido, podría acarrear consecuencias como diabetes, fallas renales, deshidratación, taquicardia y arritmias.
Un antecedente similar en el Congreso
Este no es el primer episodio de este tipo. En marzo pasado, durante la apertura del 144° período de sesiones ordinarias, Milei ya había dado un discurso «sacado y a los gritos» ante la Asamblea Legislativa, con la cara «completamente desfigurada de tanto gritar», según describieron los cronistas presentes en el recinto. En aquella oportunidad calificó a la oposición de «chorros» y «manga de delincuentes», y llegó a decir sobre Cristina Kirchner: «Es una chorra y fueron los más chorros de la historia».
Un patrón que despierta interrogantes
La combinación de estos episodios —el encierro prolongado, el comportamiento errático ante empresarios, los insultos públicos y ahora la lectura de un periodista con formación médica sobre su estado— alimenta una preocupación creciente dentro del propio arco político y mediático sobre el estado del Presidente, en un contexto donde la propia vicepresidenta Victoria Villarruel ya había expresado semanas atrás su «preocupación» pública por su salud, lo que derivó en un fuerte cruce institucional con el jefe de Gabinete, Diego Santilli.
El contraste con el discurso oficial
Mientras desde el entorno presidencial se insiste en desestimar cualquier tipo de preocupación sobre el estado del mandatario, la sucesión de episodios públicos de fuerte carga emocional y verbal continúa generando interrogantes tanto en la prensa como en la propia dirigencia política, en un momento donde el Gobierno enfrenta además un fuerte deterioro en las encuestas y una compleja negociación legislativa y económica de cara a 2027.
Qué escenario queda planteado
Con el episodio de Bonelli sumándose a una cadena de hechos similares en las últimas semanas, la pregunta que queda instalada en la conversación pública es si se trata de expresiones puntuales de un estilo confrontativo que caracteriza al Presidente desde el inicio de su carrera política, o si reflejan un patrón más profundo que amerita una mirada distinta por parte de su entorno más cercano, en un año donde la estabilidad tanto política como personal del mandatario se volvió motivo de seguimiento constante por parte de la prensa.



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