
Adolfo Rodríguez Saá percibe la «asignación mensual vitalicia» que la Ley 24.018 otorga a expresidentes desde hace más de dos décadas. El monto equivale a unas 48 jubilaciones mínimas, en momentos donde el Estado destina más de $200 millones mensuales a este tipo de beneficios.
Una semana en el poder, dos décadas de privilegio
Adolfo Rodríguez Saá ocupó la Presidencia de la Nación durante apenas siete días, en plena crisis de diciembre de 2001. Esa semana en la Casa Rosada le alcanzó para acceder a una «asignación mensual vitalicia» que cobra desde hace más de 20 años.
De cuánto se trata el beneficio
Según el último relevamiento realizado por Clarín a partir de datos de ANSES, correspondiente a julio de este año, Rodríguez Saá percibió un haber bruto cercano a los $24 millones mensuales. El régimen está regulado por la Ley 24.018, sancionada en noviembre de 1991, que fija para expresidentes y exvicepresidentes una asignación mensual, vitalicia e inembargable equivalente al 100% del sueldo de un juez de la Corte Suprema de Justicia.
El contraste con la jubilación mínima
El dato que más bronca genera es el contraste: mientras Rodríguez Saá cobra casi $24 millones brutos, la jubilación mínima —incluido el bono de $70.000— ronda los $498.000 mensuales. Esto significa que su asignación equivale a alrededor de 48 haberes mínimos, es decir, lo que deberían cobrar en conjunto 48 jubilados que aportaron toda su vida laboral.
Un beneficio que alcanza a otros exmandatarios
Rodríguez Saá no es el único que percibe este tipo de asignación. Según el mismo relevamiento, el escalafón de haberes brutos está encabezado por el expresidente Alberto Fernández, con $26,1 millones, seguido por Mauricio Macri, con $25 millones —que según se informó destina a una entidad de bien público—. En conjunto, el Estado nacional destinó en julio más de $203,8 millones a once asignaciones vitalicias de este tipo, que alcanzan a expresidentes, exvicepresidentes, viudas e incluso hijas de exmandatarios de distintas etapas históricas del país.
La respuesta de Rodríguez Saá ante las críticas
Consultado en el pasado sobre este beneficio, el propio Rodríguez Saá defendió su percepción: «No hicieron ningún privilegio conmigo». El exmandatario, que también fue gobernador de San Luis en cinco oportunidades, utilizó ese mismo argumento en 2022 cuando recurrió a un vuelo privado pagado por el Gobierno provincial para atender un cuadro de salud en Buenos Aires, mientras cobraba simultáneamente su jubilación de privilegio y su dieta como senador nacional.
Un intento fallido de derogación
El sistema estuvo en el centro de la discusión pública en distintas oportunidades a lo largo de los años. En octubre de 2002, el Congreso llegó a derogar la ley, pero el entonces presidente Eduardo Duhalde vetó la iniciativa, dejando en pie el régimen únicamente con la eliminación de las jubilaciones de privilegio para determinados cargos, sin afectar el esquema vigente para expresidentes y exvicepresidentes.
Un debate que sigue sin resolución
Pese a las sucesivas polémicas y proyectos legislativos presentados para modificar la Ley 24.018 —incluido uno que proponía invitar a los beneficiarios a renunciar voluntariamente al privilegio de forma no retroactiva—, el régimen continúa vigente sin cambios sustanciales, mientras el reclamo por la recomposición de los haberes jubilatorios mínimos sigue siendo uno de los ejes centrales del descontento social frente a la política económica nacional.
Un símbolo de la distancia entre la dirigencia y la sociedad
El caso de Rodríguez Saá se transformó en uno de los ejemplos más citados para ilustrar la brecha entre los beneficios previsionales de la clase dirigente y la realidad de millones de jubilados argentinos, en un contexto donde la discusión por la actualización de los haberes mínimos continúa sin resolverse en el Congreso.
Qué escenario queda planteado
Con el debate sobre las jubilaciones de privilegio reinstalado en la agenda pública y sin que se avizoren cambios normativos en el corto plazo, el caso de Rodríguez Saá —presidente durante apenas una semana hace casi 25 años— seguirá siendo uno de los ejemplos más elocuentes de un sistema previsional que combina, según sus críticos, privilegios desproporcionados para exfuncionarios con haberes insuficientes para la enorme mayoría de los jubilados del país.



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