
Victoria Villarruel profundiza cada vez más su juego político propio y, en su entorno, ya comenzó a instalarse abiertamente una posibilidad que hasta hace poco parecía lejana: una eventual candidatura presidencial para 2027. La vicepresidenta busca consolidar un perfil propio dentro del oficialismo, con una estrategia que apunta a diferenciarla de Javier Milei y, al mismo tiempo, posicionarla frente a otros dirigentes que ya empiezan a mirar la sucesión presidencial.
La estrategia de Villarruel tiene un componente central: correrse hacia la derecha del Gobierno y disputar allí un electorado que considera propio. En ese esquema, uno de los ejes elegidos es el campo y, particularmente, el reclamo por la eliminación de las retenciones.
El planteo no es menor. La eliminación de las retenciones fue una de las promesas que quedaron pendientes de la gestión de Milei y constituye, para sectores del campo, una de las principales demandas hacia el Gobierno. Al tomar esa bandera, Villarruel busca diferenciarse del Presidente y presentarse como una dirigente dispuesta a avanzar sobre una cuestión que mantiene un fuerte peso económico y político.
El movimiento también tiene una lectura electoral. En el entorno de la vicepresidenta consideran que existe un espacio político hacia la derecha que puede ampliarse de cara a 2027 y que, ante una eventual pérdida de fortaleza electoral de Milei, podría convertirse en terreno de disputa entre distintos dirigentes.
Villarruel cuenta, según sus allegados, con una ventaja frente a varios de los nombres que comienzan a circular en ese escenario: un nivel de conocimiento público elevado y una capacidad electoral que, creen, supera a la de otros dirigentes que buscan instalarse como alternativas para las próximas elecciones presidenciales.
Entre esos nombres aparecen figuras provenientes de ámbitos muy diferentes de la política tradicional. En ese universo mencionan a Daniel Hadad y al banquero Jorge Brito, quienes también son observados como posibles protagonistas de un escenario de reconfiguración política si el oficialismo pierde centralidad.
La vicepresidenta, sin embargo, parte de una posición particular. Su pertenencia al Gobierno le permite capitalizar parte del electorado que acompañó a Milei, pero su creciente diferenciación respecto del Presidente también le abre la posibilidad de construir una identidad propia. La apuesta consiste en conservar el vínculo con sectores de derecha que fueron fundamentales para el triunfo de La Libertad Avanza y, al mismo tiempo, captar a votantes que puedan sentirse decepcionados por determinadas decisiones de la administración libertaria.
En ese sentido, el campo funciona como una plataforma política de alto impacto. Las retenciones no sólo representan una discusión tributaria, sino también una definición sobre el vínculo entre el Estado y uno de los sectores productivos más importantes del país. Para Villarruel, tomar esa bandera permite combinar un discurso económico liberal con una señal política dirigida a un electorado históricamente sensible a las cuestiones vinculadas con la producción agropecuaria.
La decisión también expone una diferencia de fondo con Milei. Mientras el Presidente continúa concentrando el poder político y marcando la agenda del oficialismo, Villarruel intenta construir una agenda propia y ampliar su margen de autonomía. El proceso no está exento de tensiones y representa uno de los principales desafíos internos para el espacio libertario.
La pregunta de fondo es hasta dónde puede crecer ese juego propio sin romper definitivamente con el Gobierno. Villarruel necesita preservar parte del capital político que construyó junto a Milei, pero al mismo tiempo necesita diferenciarse si pretende convertirse en una alternativa competitiva para 2027.
En su entorno creen que esa combinación es posible. La vicepresidenta podría presentarse como una continuidad en determinados aspectos ideológicos, pero con diferencias en prioridades y en la forma de gestionar. El objetivo sería ocupar un espacio de derecha que no necesariamente se identifique de manera automática con Milei y que pueda convertirse en un caudal electoral propio.
El escenario todavía está abierto y faltan meses para que las candidaturas presidenciales se definan. Sin embargo, la discusión comienza a instalarse mucho antes de los tiempos formales de campaña. La debilidad o fortaleza del Gobierno, la evolución de la economía, el desempeño electoral del oficialismo y la relación entre Milei y Villarruel serán factores determinantes para saber si esta hipótesis puede transformarse en una candidatura concreta.
Por ahora, la vicepresidenta parece haber elegido el camino de la diferenciación. El pedido de eliminar las retenciones es una de las señales más claras de esa estrategia: toma una demanda pendiente, la convierte en bandera propia y busca ocupar un lugar más definido dentro del mapa de la derecha argentina.
Mientras otros nombres intentan instalarse como posibles protagonistas de 2027, Villarruel apuesta a una ventaja que sus colaboradores consideran decisiva: ya tiene conocimiento público, una identidad política reconocible y una base electoral potencial. El desafío será transformar esos atributos en una estructura política capaz de competir por la Presidencia.
La carrera hacia 2027, de todos modos, recién comienza. Y aunque todavía no existe una candidatura formal, en el entorno de Villarruel ya hablan de ella como una posibilidad real. Su juego propio dejó de ser solamente una cuestión interna del oficialismo y empieza a adquirir una dimensión electoral.
Si la vicepresidenta consigue consolidar su perfil, mantener el respaldo de sectores de derecha y aprovechar eventuales dificultades del Gobierno, podría convertirse en una de las figuras centrales de la próxima disputa presidencial. Por ahora, el mensaje parece claro: Villarruel quiere diferenciarse de Milei, disputar el electorado de derecha y llegar a 2027 con una candidatura propia como una alternativa posible.



Deja una respuesta