
La decisión del Gobierno nacional de paralizar la construcción del reactor CAREM 25 volvió a poner en el centro del debate el futuro del desarrollo nuclear argentino, un sector que durante décadas fue considerado uno de los pilares científicos y tecnológicos del país.
El CAREM 25 representa mucho más que una central eléctrica. Se trata del primer reactor modular pequeño (SMR, por sus siglas en inglés) diseñado íntegramente por científicos, ingenieros y empresas argentinas. Su desarrollo comenzó hace décadas dentro de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y fue concebido como una demostración de la capacidad nacional para producir tecnología nuclear de última generación.
Cuando Javier Milei asumió la Presidencia en diciembre de 2023, el proyecto presentaba aproximadamente un 80 % de avance físico, con gran parte de sus componentes principales ya adquiridos o fabricados. Según los cronogramas vigentes hasta ese momento, la puesta en marcha del reactor estaba prevista para el año 2028.
Sin embargo, la obra quedó prácticamente detenida, generando preocupación entre trabajadores, científicos, ingenieros y especialistas vinculados al sector nuclear.
Un reactor pensado para una nueva generación de energía
El CAREM 25 pertenece a una categoría conocida como Small Modular Reactors (SMR), considerada una de las tecnologías más prometedoras para la generación eléctrica del futuro.
A diferencia de las grandes centrales nucleares tradicionales, estos reactores poseen menor potencia, requieren menos infraestructura y pueden construirse en módulos, reduciendo tiempos y costos de instalación.
El CAREM tiene una potencia aproximada de 32 megavatios eléctricos, suficiente para abastecer de energía a una ciudad de tamaño mediano o alimentar importantes complejos industriales.
Su diseño incorpora además múltiples sistemas de seguridad pasiva, capaces de funcionar sin necesidad de intervención humana ni suministro eléctrico externo en determinadas situaciones de emergencia, una característica muy valorada dentro de la industria nuclear moderna.
Un desarrollo íntegramente argentino
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es que fue concebido prácticamente en su totalidad en Argentina.
El diseño del reactor, la ingeniería básica, gran parte de la fabricación de componentes y el conocimiento tecnológico fueron desarrollados por profesionales argentinos junto a empresas nacionales especializadas en tecnología nuclear.
Esto convirtió al CAREM en uno de los proyectos científicos más importantes impulsados por la CNEA en las últimas décadas y en una potencial plataforma de exportación tecnológica.
En un contexto internacional donde numerosos países buscan incorporar reactores modulares pequeños para diversificar su matriz energética, Argentina aparecía como uno de los pocos Estados capaces de ofrecer un diseño propio.
Una obra avanzada
Al comenzar la actual administración, la construcción del prototipo registraba alrededor del 80 % de avance, según distintas estimaciones difundidas por actores del sector.
Buena parte de los componentes críticos ya habían sido fabricados, adquiridos o contratados, mientras que importantes estructuras civiles se encontraban terminadas.
El cronograma contemplaba finalizar los trabajos durante los próximos años para comenzar posteriormente con las etapas de prueba y puesta en marcha.
La paralización implica que equipos, infraestructura y componentes permanezcan sin avanzar, mientras continúan generándose costos asociados al mantenimiento de las instalaciones.
El impacto sobre la industria nacional
El desarrollo del CAREM movilizó durante años a cientos de empresas proveedoras distribuidas en distintas provincias.
Muchas de ellas fabricaron componentes de alta complejidad tecnológica que requieren procesos industriales extremadamente especializados.
La suspensión de la obra no solo afecta al proyecto en sí mismo, sino también a una extensa cadena de valor vinculada a la industria metalúrgica, mecánica, electrónica, ingeniería y servicios tecnológicos.
Especialistas sostienen que una interrupción prolongada podría provocar la pérdida de capacidades técnicas que demandaron décadas de formación.
Recursos humanos altamente especializados
Uno de los principales activos del programa nuclear argentino es su capital humano.
Ingenieros nucleares, físicos, técnicos, soldadores especializados, diseñadores industriales y profesionales de múltiples disciplinas participaron durante años en el desarrollo del CAREM.
La incertidumbre sobre la continuidad del proyecto genera preocupación por la posible migración de profesionales hacia otros países o sectores privados, un fenómeno que históricamente ha afectado a distintos programas científicos cuando sufren interrupciones prolongadas.
La formación de especialistas nucleares demanda muchos años de capacitación y experiencia práctica, por lo que reemplazar ese conocimiento resulta un proceso complejo.
Un mercado internacional en crecimiento
Durante los últimos años, los reactores modulares pequeños despertaron un creciente interés internacional.
Diversos países consideran que esta tecnología puede complementar las fuentes renovables al ofrecer generación eléctrica continua con bajas emisiones de carbono.
Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, China, Rusia y Corea del Sur impulsan actualmente programas para desarrollar o comercializar este tipo de reactores.
En ese contexto, el CAREM colocaba a Argentina dentro del reducido grupo de países con capacidad de diseñar tecnología propia en este segmento.
Visitas a las instalaciones
Otro de los aspectos que generó debate fue la denuncia de trabajadores y representantes sindicales respecto de visitas realizadas por delegaciones nacionales y extranjeras a las instalaciones del proyecto.
Según esas versiones, existiría una instrucción oficial para facilitar el acceso a información técnica solicitada durante los recorridos.
Hasta el momento, no se difundieron públicamente detalles oficiales sobre el alcance de esas visitas ni sobre la información compartida.
La situación despertó inquietud entre sectores vinculados al desarrollo nuclear debido al carácter estratégico de parte del conocimiento generado durante décadas por organismos científicos argentinos.
El futuro del proyecto
Hasta el momento no existe un anuncio oficial que establezca la cancelación definitiva del CAREM 25.
La situación actual corresponde a una paralización de los trabajos de construcción, mientras el Gobierno revisa distintos programas de inversión pública.
El futuro del reactor dependerá de las decisiones presupuestarias que adopte la administración nacional y de las prioridades que se asignen al sector nuclear dentro de la política energética y científica.
Para muchos especialistas, completar el prototipo permitiría preservar una inversión ya realizada durante décadas y posicionar nuevamente a Argentina dentro del competitivo mercado internacional de reactores modulares.
Otros sostienen que el contexto fiscal obliga a revisar proyectos de gran magnitud antes de comprometer nuevos recursos públicos.
Más allá de esas diferencias, existe consenso en que el CAREM constituye uno de los desarrollos tecnológicos más ambiciosos de la historia nuclear argentina y un símbolo de la capacidad científica e industrial construida por el país a lo largo de más de setenta años.
Su continuidad o eventual cancelación marcará no solo el destino de una obra específica, sino también el rumbo futuro del desarrollo nuclear argentino, un sector que históricamente permitió al país destacarse internacionalmente en investigación, ingeniería, producción de reactores de investigación y exportación de tecnología de alta complejidad.



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