
Ante la caída del poder adquisitivo y las dificultades para llegar a fin de mes, resurgen en distintos puntos del país los intercambios de alimentos, ropa y servicios sin dinero de por medio, una práctica que tuvo su mayor expansión hace 25 años.
Una postal que el país creía superada
Lo que comenzó como un espacio de debate sobre la crisis económica se convirtió en una respuesta concreta frente a las dificultades para llegar a fin de mes. En distintos barrios de todo el país, desde el conurbano bonaerense hasta Misiones y Jujuy, resurgen los clubes de trueque, una práctica que tuvo su mayor expansión durante la crisis de 2001 y que hoy vuelve a instalarse como estrategia de supervivencia para miles de familias.
El origen histórico de los clubes de trueque
El sistema moderno de clubes de trueque en la Argentina nació el 1° de mayo de 1995 en la localidad de Bernal, provincia de Buenos Aires. En 1996 se crearon los créditos impresos para facilitar los intercambios, hasta llegar a su masivo y histórico auge durante la crisis de 2001. Los trueques funcionaban a partir de «nodos», los lugares físicos —clubes de barrio, galpones, escuelas, plazas— donde los participantes se reunían dos o tres veces por semana para intercambiar mercancías, bajo el concepto de «prosumidor»: toda persona debía ser productora y consumidora al mismo tiempo para mantener el equilibrio del sistema.
Los datos que explican el regreso
La experiencia del trueque tiene su origen inmediato en un monitoreo realizado por el ISEPCI entre el 27 y el 29 de mayo sobre 1.301 hogares de 30 municipios bonaerenses. Los resultados muestran un escenario crítico: el 86% de las familias asegura atravesar estrés económico para llegar a fin de mes, el 47% necesita endeudarse para cubrir gastos corrientes y apenas el 2% logra ahorrar. El dato más preocupante es el avance de la inseguridad alimentaria, que alcanza al 80% de los hogares relevados.
Las jornadas que ya se replican en el país
Este fenómeno ya tiene expresiones concretas: en Pilar, la Sociedad de Fomento de Villa Astolfi realizó su primera jornada de trueque del año, reuniendo cerca de 50 puestos donde se intercambió ropa, alimentos, bijouterie, artículos de bazar, tecnología y hasta servicios de peluquería. La organización del encuentro se coordinó a través de un grupo de WhatsApp creado especialmente para anticipar qué productos tenía cada participante para ofrecer.
En Avellaneda, vecinos de zonas como Wilde, Villa Corina y Sarandí organizan intercambios similares de alimentos, ropa y productos básicos ante la caída sostenida de sus ingresos. En Santa Rosa, un grupo de Facebook llamado «Club del Trueque Santa Rosa» convocó a una jornada en la plaza San Martín bajo la consigna de dar «una nueva oportunidad a lo que ya no usás» a cambio de lo que se necesita.
Una moneda propia en Misiones
El fenómeno alcanzó incluso una escala más sofisticada en Misiones, donde un grupo de emprendedores de San Javier creó el «Avalor», un sistema de moneda complementaria que se acepta como forma de pago en los clubes del trueque locales. «En términos macroeconómicos, el impacto es acotado por tratarse de un sistema cerrado entre quienes integramos la feria, pero a nivel microeconómico realmente modifica patrones de consumo y de producción entre quienes hacemos este comercio de cercanía», explicó Laura Posdeley, docente y creadora de esta iniciativa.
Una herramienta que ya no alcanza solo a los desocupados
Uno de los datos que más preocupa a los organizadores es que el regreso de estas modalidades de intercambio no se limita a quienes no tienen ingresos, sino que alcanza también a familias con empleo registrado. «La situación es bastante preocupante, lo que pudimos ver con la campaña de emergencia alimentaria, la gente que necesita alimentos y busca estrategias para poder conseguirlos. Y esto del trueque es una herramienta que terminan utilizando», señaló una de las referentes que impulsa estos espacios.
Un patrón que se repite en cada crisis
Distintos especialistas remarcan que el fenómeno no es nuevo en su lógica, aunque sí en su magnitud actual: cada vez que la Argentina atraviesa un período de fuerte deterioro del poder adquisitivo, el trueque reaparece como una respuesta comunitaria espontánea. «Siempre que hay crisis, se incrementa el trueque, porque es el shopping de los pobres», suele explicarse desde las propias redes de intercambio, en referencia a episodios similares registrados también durante otros momentos críticos de la economía argentina en las últimas dos décadas.
El contexto económico que explica el fenómeno
El resurgimiento de los clubes de trueque se da en medio de un cuadro económico marcado por la inflación persistente, la pérdida del poder adquisitivo y el ajuste impulsado por el Gobierno de Javier Milei, que en las últimas semanas también quedó reflejado en otros indicadores: la mayor mora crediticia de América Latina, el cierre de más de 26.000 empresas desde el inicio de la gestión y una fuerte caída en la confianza social hacia el Gobierno, especialmente entre los sectores más jóvenes.
Una modalidad más flexible que la de 2001
A diferencia de la experiencia original de comienzos de siglo, la nueva ola de trueques adoptó una dinámica más flexible: además del intercambio puro, en muchas jornadas los vecinos también tienen la posibilidad de realizar compras en efectivo, combinando ambas lógicas según la necesidad de cada participante.
Qué escenario queda planteado
Con cada vez más localidades sumándose a esta modalidad de intercambio y los indicadores sociales marcando un deterioro sostenido en la capacidad de consumo de las familias argentinas, el regreso de los clubes de trueque se consolida como uno de los símbolos más elocuentes del momento económico que atraviesa el país. La expansión de este fenómeno, que hace 25 años marcó a toda una generación en medio del estallido de 2001, vuelve a instalarse hoy como una alternativa concreta frente a un dinero que, para cada vez más hogares, ya no alcanza para cubrir las necesidades básicas.



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