

Por Sebastián Cristofari
Entre las figuras esenciales de la historia argentina, Brígido Zavaleta se alza como un pionero cuya trascendencia ha sido injustamente subestimada. Su liderazgo y visión fueron determinantes para la consolidación del Estado Nacional en la Puna de Atacama, vasto y desafiante territorio que constituyó la efímera Gobernación de Los Andes. En este artículo, busco rememorar la obra de Zavaleta, un gobernador fundamental en la integración de una región estratégica para Argentina y, como veremos, un visionario cuyas acciones sentaron las bases económicas para el actual dinamismo productivo y minero de la Puna.
El Territorio Nacional de Los Andes: Escenario de su Gestión Pionera
La verdadera relevancia de Brígido Zavaleta radica en su rol como Gobernador del Territorio Nacional de Los Andes entre 1909 y 1917. Esta jurisdicción administrativa, creada por la Ley Nacional N° 3906 en 1900, fue una pieza clave en la afirmación de la soberanía argentina en la Puna. Su formación estuvo ligada a complejas disputas limítrofes con Bolivia y Chile, resueltas por el Laudo Buchanan de 1902, que otorgó a Argentina el 75% de los territorios en disputa y estableció San Antonio de los Cobres como su capital.

La Puna, ubicada a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar, presenta condiciones climáticas extremas y una población con fuertes lazos culturales andinos. En este desafiante escenario, la administración de Zavaleta adquirió un significado profundo al representar la efectiva presencia del Estado argentino. Durante su mandato, el territorio que gobernó abarcaba extensas zonas que hoy se distribuyen entre las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca, particularmente sus regiones occidentales y de alta montaña. San Antonio de los Cobres, por ejemplo, se encuentra actualmente en Salta, un testimonio de esta continuidad geográfica.
Brígido Zavaleta: Liderazgo y Compromiso en un Mandato Histórico
Nacido en Tucumán en 1867, Brígido Zavaleta se forjó en el ámbito militar, retirándose con el grado de Mayor en 1905. Su carrera militar, iniciada el 7 de julio de 1882 como «soldado distinguido», demostró una notable progresión al alcanzar el rango de «Alférez de Caballería» para el 9 de octubre de 1886. El grado de Mayor, el más alto que obtuvo, representaba una posición de mando significativa y un paso fundamental en la carrera castrense de la época, comparable en influencia a un comandante actual. Su nombramiento como gobernador del Territorio de Los Andes en 1909, con acuerdo del Senado Nacional, subraya la importancia estratégica que el gobierno central otorgaba a esta posición. Fue el mandatario que más tiempo ocupó el cargo en Los Andes, sirviendo cuatro períodos consecutivos hasta 1917.
El estilo de liderazgo de Zavaleta fue ejemplar, marcado por una dedicación incansable y una profunda probidad. Asumió el cargo a los 57 años y se dedicó incansablemente a reconocer y recorrer miles de kilómetros a lomo de mula por los vastos territorios bajo su administración. Su misión inicial fue establecer contacto directo con los pobladores, muchos de los cuales aún mantenían una identificación cultural y política con Bolivia. Esta labor de campo, combinada con su experiencia militar, fue determinante para la consolidación efectiva de la soberanía argentina. Sus valiosos registros en la «Memoria Descriptiva» (1900) y «Reseña Geográfica y Descriptiva» (1906) son testimonio de su profundo conocimiento de la región y de su incansable trabajo.
Su formación militar no solo le otorgó disciplina y rigor administrativo, sino también una comprensión estratégica del territorio y una capacidad de planificación que serían vitales para su gestión civil. La habilidad para evaluar el terreno y establecer una presencia efectiva en un ambiente hostil fueron cualidades cruciales que le permitieron implementar políticas con una pertinencia y eficacia destacables. Su constante anhelo por el bienestar del territorio, a pesar de los desafíos y críticas, fue ampliamente reconocido, incluso con la acuñación de una moneda de oro con su efigie y las palabras «HONESTIDAD-ADMINISTRACIÓN Y PROGRESO».
Impacto de su Administración: Obras y Fomento Económico con Visión de Futuro
Durante su extenso y fructífero mandato, Brígido Zavaleta no solo consolidó la presencia estatal, sino que impulsó decididamente un desarrollo integral del territorio, sentando las bases para su integración y para el actual
boom económico y minero que hoy observamos en Salta y la Puna:
- Desarrollo de Infraestructura: Bajo su gestión, se construyeron edificios esenciales como la Casa de Gobierno y la Jefatura de Policía. En 1910, se levantaron la primera iglesia y una escuela, hitos en la provisión de servicios básicos. Su visión para la conectividad se materializó con la generosa donación de 3.800 postes para el tendido de la vital línea telegráfica entre Salta y San Antonio de los Cobres, una contribución tangible que facilitó la comunicación y el comercio regional. Esta infraestructura, aunque modesta para los estándares actuales, fue crucial para sentar las bases de futuras conexiones que hoy son indispensables para las operaciones mineras a gran escala y el flujo de la cadena de valor en nuestra provincia.
- Fomento Económico y la Previsión del Auge Minero: Zavaleta implementó medidas concretas para dinamizar la economía local. Combatir el contrabando, solicitando la creación de resguardos aduaneros en Antofagasta y Cátua, fue crucial para organizar fiscalmente el comercio y establecer un marco legal que, aunque incipiente, sería fundamental para atraer futuras inversiones, especialmente en el sector extractivo.
Fue un promotor incansable de la industria minera, anticipando el vasto potencial mineral de la Puna. Esta perspicacia sobre la riqueza mineral de la región se explora activamente hoy, validando su previsión. La Puna, reconocida hoy mundialmente por sus reservas de litio, cobre y otros minerales estratégicos, es un claro ejemplo de cómo la anticipación y las acciones de Zavaleta sentaron las bases para el actual
boom minero y la consecuente dinamización económica que vive nuestra región. Él no solo vio el potencial, sino que abogó por una gestión fiscal y una presencia estatal que facilitaría la explotación organizada de estos recursos en el futuro, un trabajo pionero que hoy rinde sus frutos en la provincia de Salta y sus vecinas, impulsando un crecimiento sin precedentes en la economía regional.
En el sector primario, fomentó la agricultura (especialmente el cultivo de alfalfa) y la ganadería, destacándose por haber logrado un importante plantel de 150.000 ovinos. Esta cifra subraya el significativo desarrollo productivo en un entorno geográfico tan desafiante, constituyendo una base económica vital para las comunidades puneñas.
- Servicios Públicos y Bienestar Social: Demostró una profunda preocupación por la eficiencia pública, estructurando la justicia de paz y aumentando el personal policial. También priorizó el bienestar social, impulsando internados en las escuelas y gestionando la provisión de un médico y gastos de botica para la salud de los habitantes.
La Clarificación Histórica: Zavaleta y la Gobernación de Salta
Es crucial aclarar que Brígido Zavaleta no fue el primer gobernador de Salta. Su rol histórico fue el de Gobernador del Territorio Nacional de Los Andes, una entidad administrativa distinta y posterior a la Provincia de Salta. Esta distinción es fundamental para comprender su real aporte y evitar confusiones históricas. El verdadero primer Gobernador de la Intendencia de Salta fue el General Martín Miguel de Güemes, aclamado en 1815. Mientras Güemes forjó la autonomía de una provincia en plena lucha independentista, Zavaleta se dedicó a la consolidación de un territorio nacional casi un siglo después, en un contexto de afirmación del Estado central en sus fronteras. Ambas figuras son pilares en la historia del Norte argentino, cada una en su tiempo y rol específicos.
Un Legado que Trasciende la Disolución del Territorio
El trabajo incansable y visionario de Brígido Zavaleta en la Puna dejó una huella indeleble. Su anticipación sobre la riqueza mineral de la región se explora activamente hoy, validando su perspicacia. Paradójicamente, a pesar de sus esfuerzos, la Gobernación del Territorio Nacional de Los Andes tuvo un destino efímero: fue desintegrada en 1943 y sus territorios anexados a Jujuy, Salta y Catamarca, generando incluso problemas limítrofes que persisten. Estos problemas limítrofes, a menudo relacionados con la indefinición de límites y la superposición de intereses, son un recordatorio de la complejidad territorial que Zavaleta intentó ordenar y que, en parte, se mantuvo tras la disolución de la gobernación.
Sin embargo, el interés nacional por la Puna no cesó. En este contexto, el ambicioso proyecto del Ferrocarril Huaytiquina (Ramal C14), impulsado por Hipólito Yrigoyen en 1912 y finalmente inaugurado en 1948, conecta el norte argentino con los puertos del Pacífico, demostrando una visión de desarrollo que Zavaleta había anticipado con creces. Este ferrocarril es hoy una arteria vital para el transporte de minerales y productos de la Puna, consolidando la visión de integración regional y productiva que Zavaleta promovió.
Conclusión: La Ineludible Figura de Zavaleta en la Construcción Argentina
Brígido Zavaleta emerge como una figura de liderazgo imprescindible en la historia del Norte argentino. Su papel fue fundamental en la consolidación de la soberanía argentina en la Puna, una región compleja y disputada. Su dedicación al desarrollo de este territorio remoto y desafiante, así como su visión para el potencial económico y la infraestructura de la región, dejaron un legado duradero que sentó bases para futuras integraciones.
Es crucial, entonces, recordar a Brígido Zavaleta no como un efímero administrador, sino como un auténtico forjador del Estado argentino en la Puna, una figura central e insustituible. Su gestión es un testimonio elocuente de cómo el liderazgo comprometido de un gobernador pudo transformar un territorio remoto y desafiante en una parte funcional y productiva del país. La Puna actual, con su pujante actividad minera y su creciente desarrollo económico, es un testamento viviente de la visión de Zavaleta, y su impacto se siente directamente en la economía de Salta y de todo el país. Es tiempo de que la figura de Brígido Zavaleta ocupe, por derecho propio, el lugar que le corresponde en la memoria colectiva de nuestra nación.



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