

Mientras el gobierno nacional celebra una desaceleración de la inflación como el pilar de su modelo económico, la realidad para las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs) en Salta y el resto del país dista mucho de ser un éxito. La estricta disciplina fiscal y la desregulación radical, lejos de liberar el potencial productivo, están asfixiando a un sector vital para el empleo y la economía regional.
La Lupa sobre la Macroeconomía Nacional: Inflación a la Baja, Economía en Recesión Profunda
El reciente informe del INDEC sobre la inflación de junio de 2025, que marca un 1,6% mensual, es presentado como un triunfo. Con una acumulada del 15,1% en el semestre y un 39,4% interanual, la narrativa oficial apunta a una «estabilización» y un control efectivo de precios. Sin embargo, detrás de estos números se esconde una verdad incómoda: gran parte de esta baja inflacionaria se ha logrado a costa de una brutal recesión y una caída histórica del consumo. No es una desaceleración impulsada por un aumento de la oferta o la productividad, sino por la simple incapacidad de la gente para comprar.
Analizando los componentes de la inflación, mientras algunos precios de bienes durables se moderan, ítems esenciales como salud (con fuertes aumentos en prepagas y medicamentos), educación y servicios básicos (tarifas de energía y gas) continúan registrando incrementos significativos. Por ejemplo, los ajustes en tarifas de servicios públicos han impactado duramente en los costos operativos de las PyMEs y en el presupuesto familiar. Esto impacta directamente en el poder adquisitivo de las familias salteñas, que deben destinar una mayor parte de sus ingresos a gastos ineludibles, reduciendo drásticamente su capacidad de consumo en bienes y servicios que sustentan a las PyMEs locales. A esto se suma la «inflación reprimida» por los atrasos en las tarifas y el tipo de cambio, lo que augura futuros saltos de precios que mantendrán la incertidumbre. La proyección de inflación del 37% al 35.9% para fin de 2025, según organismos como la OCDE y el FMI, si bien es alentadora en papel, sigue siendo muy elevada para la planificación de negocios.
El PBI del primer trimestre de 2025 mostró un crecimiento del 5,8% interanual, un dato que, si bien suena positivo, debe leerse con cautela, ya que compara con una base de abrupta caída del año anterior. La actividad económica mensual (EMAE), un indicador más preciso del día a día, muestra una persistencia de la contracción en sectores clave. En mayo de 2025, el EMAE registró un aumento interanual del 5.0% comparado con mayo de 2024, pero en términos desestacionalizados, el índice mostró una caída del 0.1% respecto al mes anterior, lo que evidencia la debilidad subyacente de la recuperación. Las ventas minoristas de PyMEs, según CAME, han continuado con caídas de dos dígitos en los últimos meses (por ejemplo, entre un 15% y 20% interanual en muchos rubros de comercio y gastronomía), reflejando la depresión del consumo. La producción industrial, vital para las PyMEs manufactureras, también exhibe una disminución constante, con fábricas operando a niveles mínimos de capacidad utilizada (muchas por debajo del 50%), una señal alarmante de la falta de demanda y la incertidumbre. La construcción, un pilar generador de empleo, se encuentra en un parate casi total debido a la paralización de la obra pública y la imposibilidad de acceder a financiamiento privado.
El Mercado Laboral: Hemorragia de Empleos Formales y Precarización Creciente
El costo social de este ajuste es evidente en el mercado laboral. La tasa de desempleo nacional subió al 7.9% en el primer trimestre de 2025, la cifra más alta en cuatro años, lo que representa 250.000 personas más sin trabajo en comparación con el mismo período de 2024. Se estiman 150.000 puestos de trabajo formales perdidos en lo que va de 2025 a nivel nacional. Sectores como la industria, la construcción y el comercio son los más afectados, con miles de salteños engrosando las filas del desempleo. Esta sangría de empleos formales se complementa con una creciente precarización, donde muchos trabajadores se ven forzados a buscar refugio en la informalidad para subsistir, sin acceso a beneficios sociales ni protección laboral. El porcentaje de empleados registrados con salarios formales ha caído al 46% en el primer trimestre de 2025, el nivel más bajo desde 2007, consolidando una tendencia de precarización laboral.
Las reformas laborales impulsadas por el gobierno nacional, como la extensión del período de prueba y la posibilidad de establecer un «Fondo de Cese Laboral» opcional, si bien se venden como herramientas para flexibilizar el mercado, en un contexto recesivo se perciben como un incentivo para facilitar despidos y precarizar las condiciones de contratación, en lugar de impulsar una genuina creación de nuevos puestos de trabajo de calidad.
Políticas Fiscales y Monetarias: Ajuste Sin Crecimiento y la Asfixia Financiera
El superávit fiscal primario del 1.6% del PBI proyectado para 2025 es el centro del discurso oficial. Sin embargo, este superávit se ha alcanzado principalmente a través de un drástico recorte del gasto público, no por un aumento sostenido de la recaudación derivada del crecimiento económico. La eliminación de programas sociales, la paralización de la obra pública y la reducción de transferencias a provincias han tenido un impacto directo y negativo en las economías regionales, disminuyendo el ingreso disponible y, por ende, el consumo.
En el plano monetario, las altas tasas de interés sostenidas por el Banco Central, aunque buscan contener la inflación y anclar el tipo de cambio, actúan como una doble espada. Si bien la tasa de política monetaria ha bajado (en enero de 2025 se situó en 29%), las tasas de interés reales para el crédito productivo que ofrecen los bancos comerciales siguen siendo elevadas (por ejemplo, tasas de inversión que van desde el 27% al 34% fija anual para PyMEs en abril-junio de 2025), severamente restringiendo el acceso a financiación para las PyMEs y desalentando la inversión y la expansión. Por otro lado, incentivan la especulación financiera por sobre la producción. El acceso al financiamiento sigue siendo una quimera para la mayoría de las PyMEs salteñas, a pesar de los anuncios de líneas de crédito nacionales, que a menudo son inaccesibles por sus requisitos o por el riesgo percibido por las propias empresas de no poder afrontar la deuda en un mercado deprimido.
En el sector externo, si bien la eliminación de controles cambiarios en abril de 2025 es vista positivamente para la inversión, la apreciación real del peso observada en los últimos meses (el Tipo de Cambio Real Efectivo se apreció más de un 11% respecto al promedio de 2023) podría afectar la competitividad de las exportaciones PyME a largo plazo. Además, el gobierno ha eliminado los derechos de exportación para el 88% de los productos industriales y ha reducido aranceles de importación para productos como celulares y electrónicos (del 16% al 0% para 2026). Mientras esto busca incentivar la inversión y la reducción de costos, agrava la competencia para la industria nacional que no puede equiparar los costos de producción con los bienes importados.
El Precio de la «Estabilización»: El Impacto Devastador en las PyMEs Salteñas
En Salta, la pérdida de aproximadamente 6.000 puestos de trabajo formales en 2024 y el cierre de unas 200 PyMEs no son meras estadísticas; son el reflejo palpable de la aplicación de este modelo macroeconómico en nuestra provincia. Las PyMEs locales, altamente dependientes del consumo interno, en sectores como el comercio, el turismo y la gastronomía, están sufriendo directamente la caída del poder adquisitivo. La desregulación de importaciones ha expuesto a los pequeños comercios e industrias salteñas a una competencia desigual con productos extranjeros, en un contexto donde sus costos internos (impuestos, servicios, salarios) no ceden. La «libertad de mercado» impuesta desde la Nación se traduce en una libertad para que las PyMEs locales mueran.
La tasa de empleo en el Aglomerado Salta se mantuvo en 43,2% en el primer trimestre de 2024, ligeramente por debajo del promedio nacional, y la variación interanual fue negativa, lo que anticipa la profundización de la crisis laboral. La estructura productiva de Salta, con una fuerte dependencia de sectores como el agroindustrial, la minería y el turismo, muestra una gran heterogeneidad en su respuesta a la crisis. Mientras la minería (particularmente el litio, con proyectos como Eramine en fase de puesta en marcha en 2025 y una inversión de US$ 870 millones, generando 500 empleos directos y 2.500 durante la construcción, con el 76% de la mano de obra de Salta) puede experimentar cierto crecimiento impulsado por inversiones extranjeras (a menudo bajo el RIGI, con poco derrame local a las PyMEs), el grueso de las más de 10.000 empresas registradas en Salta, la mayoría PyMEs concentradas en comercio y servicios, siguen en una situación crítica.
La Respuesta de Salta: Un Foco en el Desarrollo Local frente a la Adversidad
Frente a este complejo panorama macroeconómico, el gobierno de la provincia de Salta ha optado por un camino de apoyo activo y estratégico a sus PyMEs y emprendedores, reconociéndolos como motores insustituibles de la economía regional. Lejos de la retórica de la «mano invisible del mercado», Salta ha convertido el respaldo a este sector en una verdadera política de Estado, marcando un contraste vital con la política nacional.
Las iniciativas provinciales y municipales son un claro ejemplo de gestión proactiva y pragmática:
- Acceso a Financiamiento Real y Adaptado: La flamante línea de crédito productivo para mujeres emprendedoras y empresarias es un paso fundamental hacia la inclusión y el fomento de la equidad en un contexto donde el acceso a capital es crucial. Más significativo aún es el reciente acuerdo con el Banco Macro por ARS 1.800 millones, un monto sustancial destinado a financiar la inversión productiva de MiPyMEs salteñas, con la crucial bonificación de 3 puntos porcentuales en la tasa de interés por parte de la Provincia. Esta bonificación es vital para hacer que el crédito sea realmente accesible en un entorno de altas tasas, aliviando la asfixia financiera y permitiendo a las empresas invertir, modernizarse y sostener el empleo. A nivel municipal, el programa «Yo Emprendo», con microcréditos de hasta ARS 250.000 a tasa 0% y capacitación en gestión, es una herramienta directa y efectiva para la base de la pirámide productiva, demostrando un compromiso con el autoempleo y la economía social.
- Políticas de Baja Impositiva Local: Un Respiro para las PyMEs: En un movimiento audaz y en contraste con la tendencia nacional, Salta ha implementado un Régimen Promocional de Reducción de la Carga Fiscal que busca aliviar la presión sobre los pequeños contribuyentes. Este régimen, oficializado en julio de 2025, establece una reducción del 20% en las alícuotas del Impuesto a las Actividades Económicas para sectores clave como el comercio (mayorista, minorista y reparaciones), hoteles y restaurantes. Este beneficio alcanza a aproximadamente 23.000 contribuyentes del sector comercial (el 95% del total) que facturan menos de 430 millones de pesos al año, y a los hoteles y empresas gastronómicas que, tras la reducción del 20%, pasarán de pagar un 4,5% a un 3,6%.
Además, la provincia ha avanzado en la eliminación de casi 28 tasas y sellados administrativos, y ha reducido 15 tasas mineras. Para fomentar la formalización y el surgimiento de nuevos emprendimientos, Salta impulsa exenciones fiscales por hasta 12 meses del Impuesto a las Actividades Económicas para quienes se inscriban de forma espontánea y no hayan estado registrados en los últimos 12 meses. A nivel municipal, la ciudad de Salta lanzó el plan «Menos impuestos, más inversión», que contempla exenciones impositivas y beneficios para empresas que contraten nuevos trabajadores o realicen inversiones, pudiendo eximirse del pago de tributos municipales por hasta cinco años.
Estas medidas son un balón de oxígeno para las PyMEs salteñas. Al reducir la carga impositiva provincial y municipal, se les permite retener una mayor parte de sus ingresos, lo que puede ser reinvertido en el negocio, destinado a sostener puestos de trabajo o a mejorar la competitividad. Si bien no pueden compensar por completo el impacto de la recesión y las políticas macroeconómicas nacionales, estas bajas impositivas locales demuestran una voluntad política de proteger el entramado productivo regional, brindando un alivio tangible y un incentivo para la inversión y la formalización en un contexto adverso.
- Fortalecimiento y Capacitación para la Competitividad Futura: Programas como «Potencia Salta 2025» y la plataforma «Creando Capacidades Locales» no solo ofrecen formación en áreas esenciales como ventas y marketing, sino que se proyectan hacia el futuro con capacitaciones en inteligencia artificial, desarrollo web y gestión de datos. Esto no es solo capacitación, es una inversión estratégica en el capital humano de la provincia, preparando a las PyMEs salteñas para los desafíos de la economía del conocimiento y la era digital, dándoles herramientas que el mercado por sí solo no proveería. La constante profesionalización de la gestión empresarial, a través de acuerdos con escuelas de negocios de primer nivel, eleva el estándar competitivo y permite a las PyMEs planificar en un horizonte de mayor incertidumbre.
- Impulso a la Digitalización e Infraestructura Estratégica: La colaboración para un programa piloto de digitalización de PyMEs es crucial para mejorar la eficiencia, reducir costos y expandir mercados, una necesidad ineludible en el siglo XXI. El sostenido apoyo a los parques industriales, como los de General Güemes y Rosario de la Frontera, así como la decidida promoción de la economía del conocimiento, son apuestas a mediano y largo plazo que buscan diversificar la matriz productiva de Salta y generar un ecosistema más robusto, menos vulnerable a las volatilidades macroeconómicas impuestas desde el centro.
En un contexto donde la macroeconomía nacional impone un duro ajuste, Salta elige proteger y potenciar su entramado productivo local. Estas políticas no solo buscan mitigar los daños de la recesión, sino también sentar las bases para una recuperación genuina, con empleo formal y crecimiento inclusivo, demostrando que otro camino es posible y que el Estado provincial, lejos de ser un obstáculo, puede y debe ser un socio estratégico para las PyMEs en tiempos difíciles. La resiliencia de las PyMEs salteñas, apoyada por una visión de desarrollo local, será clave para atravesar la tormenta y construir un futuro más próspero para la provincia.



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